“La tarea de cada fiel es amor afectivo y efectivo”


En el taller “Deus caritas est: la revolución del amor en el sigloXXI”, realizado el día 27 de septiembre en Fundasur, el disertante Presbítero Dr. Julio Raúl Méndez debatió con los invitados sobre la encíclica de Benedicto XVI y acerca de cómo podemos practicar activamente la caridad en esta nueva realidad.

El presbítero Dr. Julio Raúl Méndez definió con estas palabras, el mensaje que la encíclica “Dios es amor” del Pontífice Benedicto XVI, sostiene en referencia a la labor que los fieles deben desempeñar para que la Iglesia verdaderamente se vuelva una comunidad de amor.
En la charla Julio Méndez explicó que la encíclica consta de una introducción, una primera parte doctrinal y una segunda operativa y que la misma estructura guiaría su análisis.
Primero, el padre aclaró qué se entiende por encíclica. Precisó que se trata de un tratado monográfico, una carta circular que el Papa escribe sobre un determinado tema, destinado a obispos, diáconos, presbíteros, religiosos, laicos y que desde el Papa Juan XXIII también se dirige a los “hombres de buena voluntad.” Destacó que Benedicto XVI en su encíclica “Deus caritas est“ no incluye estos últimos destinatarios porque buscó unificar el discurso interno de la Iglesia y fijarla como un documento interno.
“Dios es amor, quien está en el amor vive en Dios y Dios vive en él” con estas palabras de la carta de San Juan, el mimado y más joven de los discípulos, comienza la encíclica. Muestra una imagen cristiana de Dios, Dios es amor; y una imagen cristiana del hombre como destinatario del amor de Dios porque el hombre está creado para ejercerlo. No representa un plan de gobierno sino que medita sobre el amor como núcleo del cristianismo, en donde la comprensión de quién es Dios y el Hombre reside en el amor, lo que deriva en la aceptación de los contenidos del amor en la Fe cristiana: Dios es amor, Dios me ama, Vivir es amar, Amar es participar de Dios.

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En relación al análisis de la primera parte “La unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación” el padre señaló cómo Benedicto XVI observa que la palabra amor es un término polisémico que ha sido banalizado, que se utiliza para muchas cosas y que entonces lo que cabe preguntarse es que si en los diferentes significados que se le atribuyen, existe una unidad, algo permanente.
Explicó resumidamente el breve recorrido histórico que hace el Papa, partiendo de la filosofía griega, para responder a la pregunta ¿qué pensó el hombre sobre el amor?
Julio Méndez se explayó sobre la relación entre el “eros” como el amor erótico, pulsional, la “filia” como el amor de amistad, que unifica y el “ágape” el amor divino, de entrega, de donación y cómo a través de la filosofía se impone uno u otro término y su consecuente acepción del amor.
El padre recalcó –tal como lo menciona la encíclica- que el cristianismo incluye al eros y lo integra con la filia y el ágape; lo eleva y lo vincula con Dios. Implica amar al otro aún superando el deseo, sin recibir algo a cambio. Por lo tanto, si hay eros entonces hay ágape, porque el eros cristiano incluye que el deseo y la búsqueda del otro no tenga un sentido egocéntrico y no se instrumentalice al otro, que no se anule al sujeto. Destacó que la forma más completa del amor se da en el cuerpo y el espíritu, porque no tenemos cuerpo sino que somos cuerpo.
La encíclica en su mensaje, refuerza la idea de que las formas corporales del amor no pueden trivializarse porque son personales, integran nuestra vida, que la vida sexual, corporal, somos nosotros y no podemos desentendernos. Así, concluye que el matrimonio, basado en un amor exclusivo deviene de la representación del amor de Dios con su pueblo y viceversa y que el cristianismo resignifica el poder como servicio, no en manos del que ejerce, sino visto como servicio.
En el segundo bloque, el padre Julio compartió con los invitados su reflexión acerca del capítulo “El ejercicio del amor por parte de la Iglesia como Comunidad de amor”. Refirió que el ejercicio del amor es un ejercicio completo, que la tarea de la Iglesia es el amor de ágape y que la tarea para cada fiel es amor efectivo y afectivo. Citando al apóstol Santiago que dijo “Muéstrame tu fe en obras” el presbítero Julio aclaró que la Iglesia debe organizarse para que el amor sea efectivo. La motivación religiosa sostiene una actitud de donación por el otro. Sostuvo que los cristianos tienen responsabilidad en cuanto a la justicia y la caridad, pues sino se deja lugar para proyectos inhumanos.
El padre debatió con los invitados sobre cómo también los laicos pueden reflexionar y buscar los caminos prácticos para ejercer la caridad, discerniendo entre lo que es compatible con los fines del ser humano y lo que no. Además, agregó que por más que la sociedad mejore en justicia siempre hay lugar para la caridad y es en este punto que la Iglesia tiene un papel activo generando una perspectiva de cómo hacerlo y efectuarlo.
En definitiva, el Padre Julio Raúl Méndez expresó en Fundasur un claro mensaje sobre cómo los cristianos y los laicos debemos ocupar un lugar de participación en la sociedad, desde el gobierno, la iglesia, fundaciones u ONGs, provocando una sinergia entre éstos. Insistió en que ejercer la caridad no es tarea fácil, pues muchas veces las personas no son angelitos, por lo que es recomendable sustentarse en lo religioso, en la oración.

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